El ámbito penitenciario nos ha sido relatado con frecuencia desde la literatura como un mundo de dolor, una dimensión de la realidad apartada del resto, una escalofriante realidad paralela a cuanto conocemos En ella, consentimos se concentran lo malo y lo peor del ser humano. Sucede también con inusitada frecuencia que cuando el delincuente traspasa los muros del recinto carce
...
lario se convierte a su vez en la víctima de seres que tienen la extraordinaria y fabulosa capacidad de maltratar hasta la extenuación: los verdugos. El Síndrome de Quemarse por el Trabajo nos habla del estrés, del estrés laboral. En él se agrupan una serie de síntomas que se articulan a través de expresiones de sufrimiento a través del agotamiento emocional, de frío distanciamiento y de una acusada carencia de satisfacción para lo realizado laboralmente, que no es otra cosa sino servir a los que se protege y custodia. Todo ello finalmente, a través de un paulatino proceso de desgaste y quemazón profesional, conduce al sujeto al dolor. No hemos encontrado sino muy pocas investigaciones en el ámbito penitenciario y tenemos la convicción de que el dolor de esa parte de seres humanos que habitan nuestras cárceles ha sido de alguna extraña manera silenciado. Ese silencio, tal vez la prohibición de hablar, sobrevuelan el interior de la cárcel como un código de silencio al que todos se deben. La propia Dirección General de Instituciones Penitenciarias negó al Departamento de Personalidad, Evaluación y Tratamientos Psicológicos de la Facultad de Psicología de Sevilla la autorización de este trabajo. Naturalmente, ellos conocían y sabían que la naturaleza y motivación dél mismo era restituir de humanidad a ese ser humano que cae en las fauces del síndrome de quemarse por el trabajo. Quizá por esa imagen desmedida y abusada de los funcionarios de vigilancia guiados por la égida del verdugo, nos llevó a investigar con la certeza de que iban a ser ellos, como grupo de trabajo diferenciado del resto de los que también participaron en la investigación quienes finalmente se erigirían como acreedores del reconocimiento de que ellos eran los que con mayor intensidad lo padecían. Analizando el autoconcepto que de sí tenían, inferior al resto, analizando las estrategias de afrontamiento al estrés que empleaban que resultaron ser, en número y en comparación, las más desadaptativas, analizando el conflicto de rol que también resultó ser más acusado que en el resto, definidos por unos rasgos estables de personalidad, que tampoco contribuían en sus propios términos a favorecer el sosiego, el interés por las relaciones humanas, el deseo desinteresado de servir y mayores grados de conflictos emocionales, llegamos a la conclusión finalmente de que iban a ser ellos los que alcanzarían las puntuaciones superiores en las diferentes escalas del MBI, el cuestionario más utilizado para el estudio del Burnout por la comunidad internacional. Así sucedió, aunque finalmente no podíamos concluir sobre el grado exacto de Burnout que padecía cada uno de ellos porque no existen criterios normativos estandarizados para medir con exactitud cuál es el grado que padecían cada uno de los grupos. Con la esperanza de que esto sea posible, la única recomendación de intervención que aconsejamos a la Dirección General de Instituciones Penitenciarias es que no prohíba las investigaciones que en un futuro pudieran hacerse por sus trabajadores y, en consecuencia, por el bien de todos, no solo de la verdad.
View more
View Less