Director de tesis. Abad Gutiérrez, Juan Manuel

La Carpintería de lo Blanco de la Casa de Pilatos de Sevilla.
En España existieron focos islámicos dominantes a lo largo de casi ocho siglos, desde el 711 con el desembarco de Al-Tariq en Cádiz hasta el 1492 con la expulsión en Granada del rey Muley Baaudihi por los Reyes Católicos. En el caso concreto de Sevilla, ésta permanece durante más de cinco siglos bajo dominio del Islam, desde el 712 hasta el 1248, con la toma de la ciudad por el rey San Fernando. El arte islámico deja una evidente impronta en el arte hispánico durante estos siglos.Tras la reconquista y ocupación de las ciudades, con sus respectivas tierras por parte de los cristianos, los Reyes Católicos son conscientes de no ser lo suficientemente numerosos para llevar a cabo una repoblación, por lo que autorizan a los musulmanes vencidos a permanecer en territorio conquistado, conservando su religión, lengua y orden jurídico. A esta población musulmana que vive en territorio cristiano y que paga un tributo por conservar su cultura es la conocida como mudéjar.Pese a ello, en 1502 se ordena la expulsión o la conversión de mudéjares y judíos en el reino de Castilla, aunque hasta el siglo XVII no se les expulsó definitivamente del territorio peninsular.La convivencia entre cristianos y musulmanes da como fruto el arte mudéjar, situándose como enclave entre el arte cristiano e islámico. Por ello, el mudéjar constituye la manifestación artística más genuina de la España cristiana medieval y renacentista.Los comitentes del arte mudéjar son cristianos, por lo tanto, las funciones arquitectónicas y tipológicas son cristianas; pero se impone un sistema de trabajo islámico, en el que la mano de obra y el precio de los materiales son muy económicos.En un primer momento hay dos características que destacan en el arte mudéjar: la imbricación de elementos estructurales aportados tanto por el arte cristiano como por el islámico y el protagonismo que ejerce la ornamentación. En el campo de la Carpintería de lo Blanco, podemos extrapolar estos dos elementos sin ninguna dificultad.En los elementos estructurales, en contraposición a la arquitectura gótico coetánea, se emplea, casi sistemáticamente, techos de madera para los forjados de pisos y las armaduras de cubierta - estructuras de tradición cristiana heredadas junto a las torres campanarios-, que permiten una construcción más articulada y ligera. Estas estructuras se enriquecen con la aportación musulmana de la labor de lazo.Respecto a la ornamentación, ésta se extiende por la superficie de todas las cosas, independientemente de su escala. En los edificios se expresa a través de los alicatados, yeserías o techos, no sólo con motivos formales de tradición islámica, como el ataurique, lazos, mocárabes o epigrafías; sino con otros de tradición cristiana como la flora naturalista, que en el mudéjar se expresa mediante una composición y tratamiento propio del sistema rítmico islámico. La Carpintería de lo Blanco en el arte mudéjar español ha sido poco estudiada con respecto a sus sistemas constructivos en el campo de la Arquitectura, pero aún menos estudiado ha sido su carácter plástico dentro de la Historia del Arte. Si a este hecho le sumamos el dato de que sólo en Andalucía existen más de 2.000 armaduras realizadas para quedar vistas y que sólo en la provincia de Sevilla constan más de 60 armaduras de lacería, creemos que es motivo suficiente para profundizar en el estudio de las mismas.El estar trabajando como Encargada de Restauraciones de la Fundación Casa Ducal de Medinaceli y haber y estar interviniendo en la Carpintería de lo Blanco de la Casa de Pilatos de Sevilla, me ha posibilitado tomar consciencia de lo anteriormente expresado y me he encontrado con la satisfacción de estudiar en profundidad las pautas constructivas, comunes y generales utilizadas en las carpinterías mudéjares españolas; para finalizar con el estudio pormenorizado de cada elemento de la Carpintería de lo Blanco de dicho Palacio. En la Casa de Pilatos nos encontramos ante uno de los mayores conjuntos de carpinterías mudéjares en un edificio civil que se conserva en España.Ante su cantidad y diversidad, pues sobrepasan la treintena, la Casa de Pilatos es un referente de primer orden del arte mudéjar y protorrenacentista de la arquitectura civil española; siendo el tercer monumento más visitado de Sevilla. La Casa de Pilatos es un complejo conjunto arquitectónico comenzado a finales del siglo XV por iniciativa de Pedro Enríquez y su esposa Catalina de Ribera, Adelantados Mayores de Andalucía, continuado por su hijo Fadrique Enríquez de Ribera, Marqués de Tarifa y completado por Per Afán de Ribera III y Fernando Enríquez de Ribera, I y III Duque de Alcalá respectivamente; aunque en el Palacio no han cesado ni un instante las reformas y mejoras.El marcado estilo mudéjar que define la Casa de Pilatos es palpable hasta en su ordenación espacial. A la edificación que compraron, en la Sevilla mudéjar, los Adelantados Mayores, se le van sumando pequeños inmuebles que confeccionan una armónica unidad, caracterizada por estancias que desembocan en otras o en jardines y fuentes.Sus paredes están forradas por azulejos vidriados, seguidos de yeserías profusamente talladas. Estancias que se cierran con carpinterías, que van desde el mudéjar sevillano al protorrenacimiento de tintes italianos, ornamentación que culmina con la excelente colección de escultura clásica que enriquece el Palacio y lo enlaza con el renacimiento.Llama la atención la escasa bibliografía que se centra en la Carpintería de lo Blanco en comparación con la significativa cantidad de obras y su calidad ornamental que se han conservado en España.Los primeros trabajos bibliográficos dedicados a este tema los encontramos en el siglo XVII. Los tratados de Diego López de Arenas y Fray Andrés de San Miguel recogen las técnicas de trabajo empleadas en la carpinteria de armar española que se venían transmitiendo hasta entonces por via oral, en un momento en que se constata una pérdida de los conocimientos necesarios para ponerlas en práctica. También del XVII son los trabajos de Fray Lorenzo de San Nicolás y Rodrigo Álvarez.El tratado de Diego López de Arenas, titulado Breve compendio de la Carpintería de lo Blanco y tratado de Alarifes, con la conclusión de Nicolás Tartaglia y cosas tocantes a la geometría y punta del compás, nos ha permitido conocer la técnica que los  carpinteros emplearon durante siglos en la construcción de armaduras. Lo escribe en Sevilla en los primeros años del siglo XVII, pues el borrador manuscrito está fechado en 1618. No es hasta 1633 cuando se edita por primera vez. En él se exponen las formas constructivas de la carpintería mudéjar de un modo arcaizante y medieval y aunque la intención manifiesta del texto es la exposición de las fórmulas y recetas prácticas para enseñarlas a los aprendices, según reglas que vienen de la Ata Edad Media, la realidad es que el texto resulta de difícil comprensión. Se ha de tener en cuenta, además, que en las ediciones impresas se suprimieron algunos dibujos y recetas prácticas del manuscrito original y se añadieron reglas más modernas, dificultando su correcta interpretación. Sin embargo, para los actuales investigadores ninguna de las ediciones publicadas eran lo suficientemente útiles para explicar con toda claridad las técnicas de carpintería  empleadas en aquella época para la construcción de artesonados y su ornamentación con labor de lazo. Ha sido el borrador en el que López de Arenas desarrolló los contenidos fundamentales de su libro el punto de partida para realizar el estudio más acertado sobre el tema. Coetáneo a Diego López de Arenas nos encontramos con Fray Andrés de San Miguel. Escribe su manuscrito hacia 1630, pero permanece inédito hasta su publicación en 1969 por Eduardo Báez con el título Obras de Fray Andres de San Miguel. En él trata temas tan diversos como los referentes al Templo de Salomón, el Arca de Noé, la riqueza de los templos incarios del Perú, las prescripciones para construir templos carmelitas de acuerdo con la austeridad de la Orden, diversos estudios astrológicos o un informe para realizar el desagüe de la Ciudad de Méjico. El manuscrito es interesante porque en él se explican las técnicas de carpintería de aquel momento, ya que se ocupa, entre otros aspectos, de forma metódica, breve y rigurosa de la traza y montea de las armaduras y de las cerchas de media naranja7. Es de destacar su preocupación por la aplicación de conocimientos matemáticos para ordenar y controlar con operaciones gráficas todo tipo de figuras, cuerpos geométricos y elementos arquitectónicos. Asimismo, resulta de especial interés por tratarse de un escrito coetáneo al de Diego López de Arenas pero escrito en América, por lo que se descarta la posibilidad de la influencia mutua entre ambos textos. De este modo resultan complementarios y nos acercan de una manera más objetiva al conocimiento de las reglas de la Carpintería de lo Blanco. Además, Fray Andrés se forma en el Nuevo Mundo en base a textos hoy reconocidos, que figuraban en los archivos carmelitas, y sus escritos ofrecen un enfoque de un teórico que domina varias materias, lo que le permite tratar algunos temas de un modo didáctico. En cambio, el texto de López de Arenas, dirigido a profesionales del oficio, se centra en la exposición de una serie de recetas tradicionales de difícil comprensión para quienes no tienen unos conocimientos mínimos de carpintería de armar.Los primeros estudios que se centran en el arte mudéjar se remontan a mediados del siglo XIX, en los que se intenta encuadrar el mudéjar dentro de los estilos aceptados por el sistema occidental de la Historia del Arte. En estos estudios generales sobre el arte mudéjar las alusiones al mudéjar sevillano son frecuentes, dada la tendencia en separar geográficamente los diversos focos para su análisis. Alusiones profusas donde se reconoce la influencia del arte almohade para el desarrollo del mudéjar en Sevilla. Sólo si ha lugar, destacan alguna edificación, que suele ser casi siempre al Real Alcázar. Los trabajos centrados exclusivamente en el mudéjar sevillano no se inician hasta finales del siglo XIX. Suelen ser artículos empleados como excusa para profundizar en datos históricos-artísticos de un elemento en cuestión.Como excepción dentro de estos estudios generalistas del arte mudéjar, encontramos los trabajos de Manuel Gómez-Moreno y Antonio Prieto Vives, en los que se profundiza exclusivamente en los aspectos arquitectónicos de la carpintería. Basándose en el recién encontrado manuscrito del borrador del tratado de López de Arenas, comienzan una tarea conjunta encaminada a la perfecta comprensión de las técnicas explicadas en dichos papeles, así como de los secretos del buen hacer de los carpinteros de armar. Al no coincidir con sus planteamientos, publicaron por separado el resultado de sus estudios.También a principios del siglo XX nos encontramos con estudios de Gestoso y Pérez, Colón y Colón, Amador de los Ríos…, donde podemos encontrar la descripción y un sin fin de datos de casi todos los edificios de la ciudad y en los que podemos encontrar, aunque no tantas como quisiéramos, los primeras descripciones sobre algunas de las carpinterías de armar mudéjares. De entre todos estos estudios destaca por su calidad e interés para nosotros Arquitectura mudéjar sevillana de los siglos XIII, XIV y XV de don Diego Angulo Íñiguez, por profundizar más en las carpinterías que el resto de los estudios mudéjares sevillanos, aunque en su paso por la Casa de Pilatos no se detenga todo lo que deseásemos.Pero es Leopoldo Torres Balbás, antecedido por Vicente Lampérez, quien publica a mediados del siglo XX Arte Almohade. Arte Nazarí. Arte Mudéjar, seguramente el mejor estudio general de arte mudéjar hasta ahora realizado. Sobre las mismas fechas y en la misma línea teórica sobre la consideración del mudéjar como manifestación artística difícilmente encuadrable, nos encontramos con trabajos de Chueca Goitia, Camón Aznar o Borrás Gualis, en los que no sólo se destacan los valores ornamentales del mudéjar, sino que empiezan a estudiarse otros valores compositivos.La revisión de las características esenciales del arte mudéjar coincide con la etapa de los años setenta, cuando se produce una nueva visión y revalorización del mundo islámico. Destacan los trabajos de Lavado Paradinas o Yarza Lauces entre otros, pero muy especialmente de Enrique Nuere Matauco.Tras el intento frustrado de investigadores anteriores, Enrique Nuere se basa, como hicieron casi un siglo antes Gómez-Moreno y Prieto Vives, en el manuscrito del borrador del tratado de López de Arenas. Estos textos, que para el investigador actual se presentan en un lenguaje de difícil comprensión han sido interpretados ejemplarmente por Enrique Nuere. Si el trabajo de Prieto Vives parece reducirse a una complicadísima técnica necesaria para la construcción de una techumbre, Enrique Nuere revela, por el contrario, lo ingenioso de las reglas propuestas por López de Arenas, que sin más datos que el ancho y largo de la estancia a cubrir (...) permiten cortar en el taller todas las piezas y llevarlas luego a la obra perfectamente terminadas, dispuestas para ser montadas in situ, sin necesidad de ajustes posteriores. La mayoría de sus estudios abarcan de forma muy general, y casi siempre desde el punto de vista del arquitecto, este capítulo de la Historia del Arte.A la zaga de Enrique Nuere empiezan a proliferar estudios sobre la carpintería de lo blanco, entre los que destacamos los trabajos Armaduras de Cubierta de Miguel Fernández Cobo y Carpintería de lo blanco onubense de Ángel Candelas Gutiérrez, cuyas tesis doctorales fueron dirigidas por Enrique Nuere. Más recientemente destaca La carpintería en la arquitectura nazarí de Mª Carmen López Pertíñez. Relacionados con la carpintería sevillana se han publicado recientemente Carpintería de lo blanco en la arquitectura religiosa de Sevilla de Guillermo Duclós Bautista, Trazado geométrico en la ornamentación mudéjar del Alcázar de Sevilla de Mª Isabel González Ramírez y El palacio de Don Pedro I y sus armaduras de cubiertas de Cecilia Cañas Palop. Como podemos comprobar ninguno de ellos hace alusión a la Casa de Pilatos de Sevilla. De toda la bibliografía referente a la Casa de Pilatos sólo hay dos ejemplares que nos pueden ayudar en el estudio de la carpintería de lo blanco de dicho inmueble. Nos referimos a La cerámica andaluza de Antonio Sancho Corbacho y a La Casa de Pilatos de Sevilla de Vicente Lleó Cañal. En el primero se publica parte de los contratos de obras, que se complementa con los publicados por Vicente Lleó, quien además profundiza en la historia artística de la casa y sus colecciones, apoyándose en la documentación encontrada en su archivo. Quizás por eso, y dado que la documentación es escasa y poco clarificadora en lo que a los artesonados respecta, el análisis de los mismos se limita, casi exclusivamente, a una primaria y lejana identificación.Nos enfrentamos a esta tesis con la intención de suplir la laguna existente en torno a la carpintería de lo blanco de la Casa de Pilatos. Sus carpinterías son una de las facetas más características y valiosas del inmueble, inmueble protegido por Real Decreto como de Bien de Interés Cultural (B.I.C.). Perseguimos un estudio pormenorizado e individual de cada una de las techumbres que forman parte del Palacio, profundizar en sus sitemas constructivos, en las técnicas artísticas empleadas en su decoración y realizar una investigación histórica que nos permita contextualizar las características de cada carpintería.La terminología empleada en la carpintería de lo blanco es de gran singularidad. Para facilitar la comprensión del texto nos hemos apoyado en una serie de documentación gráfica de ejecución propia: planos, dibujos, gráficos y fotografías, insertdas en el formato en función al contenido del texto, cuando se hace referencia a ellas.
La Manometría y Colangiografía Post-Operatoria.
La cirugía de las vías biliares representan hoy uno de los campos de mayor atención en el estudio de las indicaciones y procedimientos terapéuticos, que están llegando ya a una madurez, en cierto punto indiscutible. El amplio bagaje de procederes técnicos que se recogen en la historia de esta cirugía y de los que en buena parte nos seguimos sirviendo hoy, prueba no sólo una atención constante hacia esta encrucijada anatómica, sino un reflejo de las ideas que empezaron siendo de planteamiento simple y que son estructuradas a la altura de nuestro tiempo con una ambición patogénica. Los problemas primeramente abordados, la colelitiasis pura de la vesícula no implicada, y ciertas colecistitis agudas, se beneficiaban, de un modo radical, de una simple cirugía de exeresis, en la que el cirujano obraba exclusivamente con mentalidad policíaca. Es decir suprimía lo que se consideraba una lesión irreversible, en una elemental faena de limpieza. Desde ahí hasta la cirugía de tipo pedagógico, en la que el cirujano aspira no sólo a quitar lo que irremediablemente está mal sino a educar, mejor, a reeducar una función alterada, han pasado muchos lustros en los que se dejó sentir en el pensamiento quirúrgico el planteamiento de una cirugía funcional removida por BENE LERICHE, conservando la línea de pensamiento fisiopatológico de CLAUDIO BERNAR. Hoy día no es permitible una pura cirugía de exéresis de la vesícula, habitada o inflamada, o incluso de algún cálculo francamente estensible en la vía biliar principal. Las secuelas post-operatorias a distancia, los cálculos residuales, los cálculos recidivados, las esclerooditis desconocidas, las disquinesias eddianas post-operatorias, el escandaloso y discutible síndrome post-colecistectomía, plantean al cirujano una exigencia de perfección en el acto quirúrgico de la vía biliar, que condiciona dentro de la operación un tiempo de nueva exploración, nuevos conocimientos, y muchas veces nuevo planteamiento táctico. Son ya muchos años los transcurridos desde que CAROLI, y MIREZZI hicieron introducir en la práctica quirúrgica de la vía biliar la colangiomanometría, que ha permitido identificar una serie de paralitiásicas y complementarias, que hay que abordar, y tratar. El interés de la cirugía biliar se ha desplazado desde la vesícula, a los dos polos del colédoco: el hígado y el páncreas. Desde la Ponencia de PI FIGUERAS, ARTIGAS y LLAURADO al Congreso de la Asociación Española de Cirujanos en 1953, que destacaba junto con los aspectos quirúrgicos del éstasis biliar el sufrimiento hepático evolutivo, y en última instancia sus consecuencias, irreparables, ha sido una constante preocupación en los patólogos quirúrgicos españoles el plantear las intervenciones sobre las vías biliares, también con un carácter hepato-protector. De otra parte el conocimiento cada vez más profundo de la patología del páncreas, ha llevado a esclarecer las íntimas relaciones que la patología biliar tiene con la pancreática, hecho conocido clínicamente de antiguo pero que solo en nuestros días ha podido ser patogénicamente bien concebido. Esta doble exigencia ha hecho que el desagüe correcto, y la normalidad de la función evacuadora de la bilis después de la operación, sean hoy exigidas al cirujano, que puede asegurarlas mediante técnicas, si no recientemente introducidas, sí recientemente generalizadas (dilataciones eddianas, papilotemía, papiloplastia, coledocoduodenostomía internas, coledocoduodemostemía externas, etc.). Naturalmente este nuevo avance en la patología y en la técnica va provisto también de potenciales peligros y complicaciones. La manipulación en el enclave colédoco-duedenopancreático, la liberación en ocasiones del bloque duodeno-pancreático, el abordaje transduodenal de la papila, las intervenciones sobre ella y sobre el esfínter propio del colédoco en la vecindad, muchas veces en la inmediata cercanía del conducto de Wirsung ha tenido una doble consecuencia. A la larga, que se vuelva a plantear por los cirujanos de inquietud el porvenir de un esfínter y un aparato papilar seccionado en relación con los reflejos duodenales, las angiocolitis, y las rupturas del juego armónico coledocoduodenal. Y a la corta, inmediatamente, la posibilidad de una reacción pancreática en forma de pancreatitis agudas post-operatorias más o menos internas, o en forma de un cuadro no bien caracterizado de irritación neurovegetativa que reúne la hipertermia, el dolor y la tendencia colapsal. Nos hemos planteado la conveniencia de, además del tratamiento general amplio y protector exigible en la cirugía biliar, procurar una aplicación típica sobre la región de la papila, a través de un tubo de Kehr, de aquellas sustancias que con mentalidad patogénica de la reacción pancreática. En este sentido hemos aplicado una solución, en gota a gota lento, a través del fino tubo de Kehr coledeciano, que contiene un antibiótico (la cloromicetina), un anti-inflamatorio (la prednisona) y un anestésico (la novocaína). Por otra parte nos hemos procurado el control manométrico post-operatorio que nos permita identificar las alteraciones funcionales en la vía biliar operada, y estimar el resultado de la indicación tópica propuesta. Por último hemos creído necesario completar mediante una seriografía colangiografía a través del tubo en T, el funcionamiento del juego oddiano antes del alta del enfermo. A la exposición de estos problemas, resultados y conclusiones, se dirige la presente memoria de Tesis Doctoral.