Autor de tesis. Aguilar García, Honorio Jesús

Soleamiento e Iluminación Natural en las Iglesias Mudéjares de Sevilla.

El primer objetivo de esta investigación pretende poner de manifiesto el estado actual de la iluminación natural en las iglesias mudéjares de Sevilla, partiendo de un análisis histórico de la utilización de la misma como elemento de capital importancia.

 

Tras comprobar la pérdida de valor con el paso del tiempo, se propone un método de trabajo para conocer el estado original de estos edificios en cuanto a soleamiento e iluminación natural. El método de trabajo utiliza un tipo concreto, debido a la importancia del soleamiento potenciado por la disposición de todas ellas haciendo coincidir el eje de las naves con la dirección este/oeste, el ábside hacia oriente y la fachada principal a poniente, así como la iluminación natural en la concepción original de las mismas y su degradación actual.

 

El segundo objetivo de esta tesis se basa en la definición de una metodología para documentar la iluminación original de edificios patrimoniales. A pesar de que el desarrollo de esta investigación se argumenta en el análisis de las iglesias mudéjares sevillanas, la base metodológica es extrapolable a otras tipologías edificatorias patrimoniales. En consecuencia, de forma paralela a la documentación obtenida sobre la muestra de estudio de esta tesis, se pretende validar la metodología utilizada, contrastando los resultados de los diferentes métodos de estudio y validando su precisión en otros edificios de valor histórico y cultural.

 

Desde el comienzo del habitar, la luz natural en sus formas más elementales, ha servido para marcar el sentido del edificio en el funcional recorrido desde la luz exterior al oscuro interior protegido. Una de las principales razones que ha llevado al arquitecto al uso de la luz natural en el desarrollo de las edificaciones a lo largo de la historia, ha sido la importante carga simbólica de la luz.

 

Incluso sin considerar la incorporación de la iluminación artificial, la forma de iluminar ha sufrido fuertes vaivenes a lo largo de la Historia, ya que la iluminación no se concebía igual en la época románica que en el Gótico o en el Barroco y, desde luego, la modificación en el concepto de iluminar será radical en la época moderna con la aparición de la iluminación artificial.

 

La incorporación de la iluminación artificial genera un problema de percepción en los edificios restaurados o simplemente adaptados a la vida moderna, que se ve agravado por el hecho de que en muchas ocasiones se diseña la iluminación sin pensar en el espacio arquitectónico, en el edificio en sí, sino que se centra en reforzar la visión de elementos particulares que por algún motivo se consideran de alto interés o en ocultar determinadas partes cuya visión se considera, por algún motivo, perjudicial.

 

Esto hace que la luz incida en el espacio arquitectónico de forma inadecuada, modificando su caracterización espacial inicial, pensada básicamente con iluminación natural o con una iluminación artificial primitiva y precaria, debido a que la prioridad en la restauración de edificios se centra fundamentalmente en los elementos portantes y en los acabados, decoraciones y elementos artísticos que forman parte de dichos edificios, por lo que la iluminación artificial se plantea para resaltar al máximo estos aspectos, de forma que su incorporación cambia tanto la visualización del interior y, en ocasiones, también el exterior del edificio, que hoy en día resulta prácticamente imposible disfrutar los edificios con su iluminación y por consiguiente con su aspecto original[1]. Este fenómeno se plantea en las iglesias mudéjares de Sevilla, objeto de análisis.

 

En edificios de menos de dos centurias podemos encontrarnos que existió ya en su concepción una iluminación artificial– fundamentalmente de gas en los edificios más antiguos–pero hasta el siglo XVII la única iluminación artificial factible era a base de velas y antorchas, lo que nos obliga a pensar que probablemente el uso de estas iglesias era fundamentalmente diurno(al fin y al cabo se sabe que en la época inicial del Medioevo la gente se levantaba y se acostaba con el sol por lo que sólo irían a la iglesia de noche en forma excepcional , excepto, evidentemente, en el caso de las iglesias incorporadas a un monasterio, en las que rezaban las horas, tanto de día como de noche). Así pues, al plantear el proyecto de investigación, para estudiar la iluminación diurna natural de estos inmuebles, sería conveniente conocer lo que el maestro de obras que lo proyectó quiso hacer con la luz y cómo pensó que debía verse su iglesia; sin embargo, el estado actual de la iluminación en estas iglesias se ha visto alterada en la mayoría de los casos durante la época barroca.

 

Estudiando adicionalmente la iluminación eléctrica de la que las iglesias disfrutan en la actualidad, podemos evaluar qué modificación ha sufrido su percepción al incorporarla a la tecnología actual y si esta modificación ha afectado de forma ligera o excesiva a su carácter arquitectónico.

 

Desde el primer objetivo de estudio de las condiciones de iluminación y soleamiento en una tipología concreta, el segundo es la elaboración de una metodología de trabajo aplicable al estudio previo de un proyecto de rehabilitación, para del mismo modo, conocer las condiciones iniciales de iluminación y soleamiento. Por tanto resulta un método aplicable a otras tipologías edificatorias e incluso a otros aspectos del acondicionamiento natural.

 

La metodología aplicada en el presente estudio, la cual se amplía en el punto 3. METODOLOGIA, parte de la medición de los niveles de iluminación y efectos del soleamiento sobre los edificios existentes; posteriormente estos edificios se representan en modelos o maquetas a escala, con objeto de someterse a análisis en la cabina de cielo artificial, obteniéndose los niveles de iluminación interior en el estado inicial. Paralelamente estas maquetas se estudian bajo los efectos del heliodón, con objeto de conocer las condiciones originales de soleamiento. A continuación se modelizan dichos edificios para ser estudiados en programas de simulación de iluminación natural y soleamiento. En estas modelizaciones se distingue entre los modelos que representan los edificios en su estado original y otros del estado actual. Posteriormente se analiza un amplio número de resultados, obteniéndose una serie de conclusiones que nos acercan al estado original de estos edificios, convirtiéndose en una herramienta útil y necesaria para abordar el proyecto arquitectónico.

 

La floreciente economía de Sevilla en la época de reconquista, hace que, tanto en la ciudad amurallada como en sus arrabales, se construyan, sobre todo a lo largo de los siglos XIII y XIV, multitud de parroquias que fueron, en muchos casos, ampliadas y/o modificadas también en esos siglos, como consecuencia del fuerte incremento de la población. [2] Afortunadamente, se conservan bastantes de ellas, inicialmente estas iglesias s e encontraba en su origen ubicada s en una zona escasamente edificada, por lo que todas sus ventanas recibían luz abundante, aunque es posible que se tamizara con algún material interpuesto (en la época era corriente el uso del alabastro y de las pieles de animales). En cualquier caso, el tamaño de las ventanas garantizaba que la luz que aportaban al interior del templo fuera escasa en las naves de la iglesia, aunque no estuvieran protegidas por ningún tipo de apantallamiento.

 

Hoy en día, el ábside permanece encajonado en alguno de los casos por las manzanas adyacentes; en otros constan de edificaciones o capillas anexas que han cegado los huecos y por último en la mayoría cubiertos por los retablos mayores, lo que hace que su visión se dificulte y modifica en gran medida la entrada de luz natural a la nave por las ventanas ubicadas en él.

 

A poniente, por lo general el espacio es, al igual que en algunos casos al sur, más amplio que a oriente, pero los efectos de edificios próximos a la fachada de altura similar a las iglesias, dificulta la luz natural captada por los óculos ubicados en la fachada occidental, sobre la puerta de entrada de la iglesia, que probablemente se previó que iluminara el altar mayor a la caída de la tarde, no ofreciendo en estos momentos el mismo efecto.

 

Los puntos de luz de los que disponían las iglesias mudéjares en la época de su construcción eran muy distintos a los actuales (aunque escasos en las iglesias de la etapa inicial) Incluían las ventanas ubicadas en los muros occidental y oriental (sobre la clave de los arcos, con escasa capacidad de iluminación salvo en las últimas horas de la tarde y a primera hora de la mañana), estrechas ventanas ubicadas en el ábside y los óculos, de entidad mayor, ubicados en la fachada occidental, sobre la puerta de entrada de la iglesia.

 

La ubicación de dichas ventanas, orientadas a oriente y poniente, manifiesta que la intención de los constructores de estas iglesias era que la luz más abundante se recibiera en su interior a primera hora de la mañana y a última de la tarde, iluminando en el primero de los casos la zona del altar a un contraluz levemente matizado por lo aportado por las ventanas occidentales, lo que manifestaba un aspecto místico, velando la visión del rito y propiciando la identificación de la luz con la divinidad. A última hora de la tarde, la parte más iluminada sería, asimismo, el altar, pero en ese momento y no a contraluz sino directamente, permitiendo la correcta visión de la zona y de todo lo que allí acontecía.

 

El hecho que las iglesias se localicen en el hemisferio norte, haría que estas dos luces entraran ligeramente sesgadas desde el sur, iluminando sutilmente mejor la zona norte de la cabecera de la iglesia, la parte del evangelio, dejando algo más en penumbra el área de la epístola, aunque de forma casi imperceptible.

 

Lo que resulta dudoso es que iluminaran por lo general algo más que muy someramente el resto de las paredes del templo, especialmente en la iglesias de la primera etapa como San Gil o San Esteban, por lo que parece que lo determinante en la iluminación original de estas iglesias se centraba claramente en la exaltación del rito eucarístico y no en la visión del inmueble o de alguna de sus partes. En cambio en las de etapa posterior como Santa Marina u Omnium Sanctorum además de la exaltación del rito parece importante la visión del espacio [4].

 

En la actualidad, la mayor parte de las ventanas de estos templos reciben mucha menos luz que cuando fueron construidos, ya que la cercanía de otros edificios impiden en muchos casos el acceso al soleamiento que debiera recibir la iglesia a primeras horas de la mañana y la llegada de los postreros rayos del sol poniente a los óculos de la fachada oeste.

 

La iluminación inicial de muchos de estos templos se vio enormemente alterada en el Barroco (siglo XVII), con la perforación de óculos en diferentes fachadas y el cerramiento de huecos originales. Previa o simultáneamente los retablos ocultaron en la mayoría de los casos las ventanas del ábside. Los yesos blancos que, en esta época, cubrieron los muros y que aumentarían aún más la luminosidad del templo, fueron eliminados en algunas restauraciones del siglo XX, dejando el ladrillo desnudo y probablemente eliminando la mayor parte de la policromía que pudiera subyacer debajo del enlucido. La reflexión luminosa de las paredes actuales no es siempre similar a la original, pero sí mucho más próxima que la que se disfrutó durante la época barroca. En cualquier caso, las alteraciones incorporadas en el Barroco alteraron la iluminación de muchas de estas iglesias y nos impiden ver cómo se concibieron inicialmente desde el punto de vista de la luz, aunque convendría considerar que, también en el Barroco, aparte de la luz natural solo se contaba con velas y antorchas, en cualquier caso con una iluminación muy débil que condicionaba las iglesias para un uso eminentemente diurno.

 

En el siglo XX se instalaron asimismo en muchas de ellas vidrieras en las ventanas del ábside y óculos de la fachada a poniente, coloreando la luz que se introduce por ellas, alterando de la cantidad de luz aportada a través de esos huecos con respecto a la que se hubiera dispuesto con inexistencia de cristal, con un vidrio transparente o si estos huecos estaban cubiertos con alabastro.

 

Aunque desconocemos qué habrían proyectado los constructores de estas iglesias si dispusieran de nuestros medios, probablemente también hubiesen ejecutado un edificio con la luz adecuada para el recogimiento. Si hubiesen pretendido mayor número de huecos los abrían realizado, aunque probablemente con mayores espesores de los muros y con la incorporación de contrafuertes. Hay que admitir el cuidado estructural que tomaban para abrirlos, solo hay que observar los arcos que cubren los óculos, pero el abocinamiento, aparte de orientar los rayos luminosos, también pretende que el hueco sea lo más pequeño posible para un cierto resultado de índole claramente no estructural.[1]

 

Más iluminación requeriría más altura y con ello, más espesor de los muros y más contrafuertes. Adicionalmente, más altura significaba un cambio en las proporciones de la nave, tal y como puede comprobarse en la evolución del tipo.

 

Evidentemente, la concepción visual de estos edificios, planteada al proyectar su iluminación artificial eléctrica, difiere significativamente de la usual en su estado original.

 

La ubicación de las ventanas en estas iglesias mudéjares nos lleva a pensar que se concebía la luz como un elemento potenciador de la atención de los fieles a lo que acontecía en el área del altar, puesto que, como ya hemos visto, a primera hora de la mañana la luz se introducía a través de las ventanas del ábside produciendo un efecto de contraluz sobre el oficiante y a última hora de la tarde, lo que en invierno en nuestra latitud no suponía una hora excesivamente avanzada, la luz introducida a través de las ventanas de poniente producía un haz de luz focalizado sobre el altar, especialmente en la parte del evangelio puesto que los rayos solares entraban ligeramente desviados desde el sur al estar estos inmuebles ubicados en el hemisferio norte.

 

Asimismo, hoy en día la iluminación se utiliza, tanto para el correcto uso del edificio, como para la visualización del mismo, es decir, para la apreciación de los paramentos arquitectónicos y del espacio que estos encierran, lo que no tiene prácticamente nada en común con las intenciones de sus constructores. Debido a estos cambios de mentalidad, la iluminación artificial eléctrica que se ha incorporado determina una distribución de iluminancias mucho más homogénea, incluso cuando los valores se toman a horas de aportación lumínico solar máxima ocasionada por las ventanas.

 

La luz natural, entendida desde el inicio en la concepción de estos edificios como elemento definidor, ha sido sustituida por la luz artificial. Este hecho afecta en general a los edificios de uso público, pero incluso en los de uso residencial la luz ha perdido importancia, agravándose este hecho en determinados grupos sociales y zonas geográficas. De hecho es en la infravivienda donde el uso de la luz natural es sustituida por la artificial y es preciso indicar que la mayor parte de las intervenciones que han terminado con la luz natural en las iglesias mudéjares objeto de este estudio, se localizan en un área geográfica de la ciudad donde este tipo de viviendas resultaba frecuente y temporalmente la expansión de estas coincide con las intervenciones señaladas, como consecuencia de diversos factores:

 

- Desconocimiento del uso racional de la luz natural.

 

- Cuestiones psicológicas de los ocupantes, sentido de seguridad y de protección frente a los agentes atmosféricos.

 

- Condiciones geográficas y climáticas, con fuertes radiaciones solares y altas temperaturas.

 

- Progresivas intervenciones en la edificación, cegando o cubriendo huecos por diferentes elementos que difícilmente se retiran, por adaptación de los usuarios.

 

En las iglesias mudéjares de Sevilla, espacios concebidos bajo la presencia de la luz natural, las causas que provocaron la pérdida de esta son cronológicamente:

 

- A partir del siglo XV con la aparición de los retablos en la iglesias de toda la península, con un uso más extendido en el siglo XVI, eliminando los huecos de iluminación en el ábside.

 

- A partir del siglo XVII con la incorporación de capillas laterales anexas que provocaron la alteración de las estructuras mudéjares originales, anulando los huecos de iluminación en las naves laterales.

 

- Especialmente en el siglo XVII, con la colmatación urbana de la ciudad amurallada, las estructuras originales se colmatan con construcciones yuxtapuestas anexas a parroquias e iglesias, tales como dependencias, almacenes, viviendas,…provocando la eliminación de los huecos del ábside y las naves laterales, y en algunos casos de la fachada oeste, mediante la construcción de crujías anexas.

 

- A partir del XVII la incorporación de vidrieras y otros elementos en los huecos, disminuyendo el efecto de la cantidad de luz natural y otorgando otros aspectos como el color.

 

- A partir de la segunda mitad del siglo XIX la incorporación de la luz artificial en las iglesias provoca una pérdida de interés total por la luz natural, que se suplanta por la luz artificial y los escasos huecos que quedan libres se cubren con cortinas o se ciegan.

 

- Paralelamente un cambio de hábitos sociales en cuanto a horarios provoca que la mayor parte de las celebraciones matutinas, con gran importancia del simbolismo de la luz, se desarrollen en la tarde-noche prescindiendo de la luz natural.

 

Este proyecto de investigación pretende ser una herramienta de trabajo en posibles proyectos de rehabilitación, no sólo de aplicación en la tipología objeto de este análisis. Al igual que un estudio previo de las condiciones de iluminación natural antes de abordar el proyecto de rehabilitación, es posible extenderlo a otros aspectos del acondicionamiento natural.

 

Una vez analizados los resultados de esta investigación, parece fundamental dicho estudio previo, pues en concreto la iluminación natural y los efectos del soleamiento en determinados edificios, especialmente este último aspecto en aquellos cuya orientación no es arbitraria, resultan claves imprescindibles en la adecuada intervención del arquitecto.