Autor de tesis. Agudo Martínez, María Josefa

Análisis Estructural de la Representación Plástica de la Dinámica. Aproximación a una evolución histórica de la expresión del movimiento en el arte.
La idea de la representación plástica del movimiento va indisolublemente unida a la de la representación del espacio y del tiempo, por lo que sufrió una evolución paralela a la de los diferentes periodos artísticos. En la mayoría de los casos, las escenas recogen un momento álgido del flujo temporal; se trata de un instante sintético constituido por la yuxtaposición de fragmentos diferentes. Además, a todo esto se unía la riqueza del lenguaje de los gestos. Otros recursos utilizados fueron la narración del acontecimiento en varias imágenes independientes, o bien la representación de la secuencia completa fundida en una única imagen. La expresividad de la obra artística se relaciona con el dinamismo mediante el protagonismo del factor motor en el proceso de ejecución. También los efectos estroboscópicos (seriación, simultaneidad, duplicación) contribuyen a sugerir dinamismo en la representación, a condición de que la obra posea una concepción formal unitaria.     El presente trabajo de Tesis Doctoral, cuya finalidad es la consecución del Grado de Doctora, pretende un análisis, desde el punto de vista formal, de la evolución en la representación del movimiento a lo largo de la historia del arte. Se trata de una Tesis panorámica de compilación y exclusivamente teórica, es decir, que afronta un problema tan abstracto como el del movimiento, pero en un aspecto tan concreto como el de su representación plástica. Las Tesis panorámicas corren siempre el peligro de omitir aspectos puntuales importantes o, por el contrario, el de incidir en otros secundarios con demasiada extensión. Sin embargo, tienen la ventaja de proporcionar una visión de conjunto que ayuda a comprender la evolución del problema y que sería imposible en  una Tesis de tipo monográfico, de ahí la elección del tipo de Tesis panorámica. El trabajo fue posible gracias a una Beca Predoctoral perteneciente al Subprograma General del Plan de Formación del Profesorado y Personal Investigador del Ministerio de Educación y Ciencia, beca obtenida tras la Licenciatura en Bellas Artes (especialidad de Pintura), para colaborar bajo la dirección del Catedrático del Departamento de Dibujo de la Universidad de Sevilla, Dr. Don Francisco Borras Verdera, en la asignatura “Dibujo en movimiento”, perteneciente al mencionado Departamento. Sin embargo, la búsqueda bibliográfica y el planteamiento previo del tema se habían iniciado dos años antes de la Licenciatura, gracias a una Beca de Colaboración (M.E.C.), para alumnos de los dos últimos cursos de carrera, con la cual se inició la colaboración en la asignatura “Dibujo en movimiento”, y la motivación y el interés por abordar el estudio de la representación del movimiento en su evolución en la historia del arte. Los objetivos generales del trabajo se estructuran en torno al análisis de la relación entre Dinámica (representación del movimiento) y Movimiento (movimiento real) en el terreno visual y artístico. Se parte de la profundización del fenómeno del Dinamismo plástico como representación del movimiento y se prosigue con el estudio cronológico pormenorizado del protagonismo de la Dinámica en los diferentes estilos, grupos, movimiento y tendencias del arte. En cuanto a los contenidos comprendidos en el índice temático, el trabajo se inicia con las primeras manifestaciones artísticas del Paleolítico, y concluye con la Posmodernidad de los años 80, haciendo especial hincapié en aquellas tendencias artísticas, sobre todo de nuestro siglo, que abordaron el problema del movimiento con especial protagonismos, tales como el Orfismo, el Futurismo, el Vorticismo, el Arte Cinético o el Arte Óptico. La metodología del trabajo está más próxima en semejanza a la de un trabajo histórico-teórico que a la de otro de tipo experimental, con la salvedad de que no interesaba tanto citar a todos los autores o incidir en los aspectos socio-culturales como analizar el sentido del dinamismo en la representación, la conceptualización de dicha representación, y el interés plástico-forma de la representación misma. Los materiales y medios para la realización del trabajo han sido básicamente de tipo bibliográfico, y se han conseguido en su mayoría en diferentes bibliotecas de Bellas Artes, Historia del Arte, Psicología y Arquitectura de nuestro país; así como en el Institut National de Recherches Pèdagogiques de París, en la Bibliothèque Doucet, Bibliothèque National, Bibliothèque du Louvre, en la Bibliothèque de l’Ecole Nationale Supèrieure des Beaux-Arts, y en diversas galerías, museos y centros de arte de España y París. El acceso a toda la información de interés localizada en los centros de arte y bibliotecas de París fue posible, una vez más, gracias a una ayuda del M.E.C. para una estancia de cinco semanas en Francia, en l’Ecole National Supèrieure des Beaux-Arts de París. Por último, estuvo siempre disponible la totalidad de la bibliografía contenida en las dependencias de la Asignatura “Dibujo en Movimiento”, bibliografía que ha sido de una ayuda incuestionable, tanto por su calidad como por su cantidad, así como por su amable cesión en préstamo, para la redacción final del trabajo. La idea de la representación plástica del movimiento va indisolublemente unida a la de la representación del espacio y del tiempo, de manera que dicha representación evolucionó de forma paralela a como lo hacían los diferentes sistemas convencionales que permitían representar el espacio tridimensional en una superficie de dos dimensiones. De esta forma, en cada período artístico se utilizaron distintos procedimientos de aprehensión del espacio, acordes con las diferentes concepciones del mundo en cada época. De la síntesis de todos estos sistemas de representación tendríamos, por un lado, los que se basan en la perspectiva artificialis o perspectiva renacentista, y los sistemas que combinan percepciones tanto visuales como táctiles. Este segundo punto de vista polisensorial es característico de las primeras manifestaciones artísticas, del arte medieval y de la mayor parte del arte del siglo XX. En cuanto a la representación del tiempo, el simbolismo de la representación espacial se complica con la representación temporal. Todas las imágenes, incluso las que representan escenas de máxima quietud, informan acerca de un tiempo, pero sólo algunas reflejan la dimensión temporal. Sólo las escenas que recogen el instante de una imagen fija, resume un momento álgido del flujo temporal. La preocupación por el movimiento en las representaciones comenzó en la Prehistoria con imágenes que utilizan la deformación y la exageración para expresar el dinamismo de la escena. Un poco después, las rígidas y estereotipadas escenas de movimiento del arte egipcio contrastan con ciertas representaciones del arte mesopotámico de un dinamismo asombrosamente realista. Durante la Edad media se experimentó, cada vez más, el sentimiento de que el cuadro representaba un momento que se había desarrollado realmente, incluso con acontecimientos de carácter irrealista o sobrenatural. El dilema que planteaba entre la representación de la totalidad del acontecimiento o de un único instante del mismo, se resolvió a partir del Renacimiento con la idea de que no existía contradicción entre las dos exigencias anteriores: se trataba de representar el instante que expresaba la esencia del movimiento o acción. Dicho instante era un instante sintético constituido por la yuxtaposición de diferentes fragmentos pertenecientes a diferentes instantes. Además, el dinamismo se veía reforzado por el lenguaje de la expresión gestual, que sometía la conveniencia o adaptación de las figuras y de sus gestos a la acción representada. En este punto, las preocupaciones estéticas o dramáticas estaban por encima del naturalismo elemental. Sin embargo, con el descubrimiento de la fotografía se comprobó la inexistencia de puntos “temporales”, y la filosofía de Bergson insistió en la idea de que cualquier fracción de tiempo inmóvil hacia inexplicable la noción de movimiento. El instante que representaba la esencia del movimiento lo hacía a partir de una codificación gestual y basándose en posturas difícilmente creíbles en la mayoría de los casos. Con el hallazgo del cine se consigue la negación del instante representativo a favor de una colección de instantáneas (fotogramas) proyectadas a una velocidad perceptiva de 1/50 de segundo, lo que produce la sensación visual de movimiento. Ya en el siglo XX, los cubistas, con un cuestionamiento del sistema tradicional de perspectiva, intentaron la superposición de instantes diferentes dentro de una misma representación. Así, las primeras obras del cubismo analítico fueron las pioneras en sistematizar esta idea que ya aparecía sutilmente materializada en la obra de Cèzanne. La multiplicidad de puntos de vista producirá siempre una simultaneidad espacio-temporal. Los futuristas serían los siguientes en desarrollar la idea de la representación del movimiento, apoyándose en las fotografías de Marey y Muybridge en las que se prolongaba el tiempo de exposición, lo que se traducía en el reflejo de pequeñas modificaciones temporales. El espacio comprendido entre imágenes correspondía a la representación del intervalo de tiempo transcurrido y de la trayectoria descrita. Cuanto más próximas son estas imágenes en el tiempo, y menos independientes entre sí, la sensación de temporalidad se hace más evidente. La misión del intervalo es el reflejo del paso del tiempo mediante la diferencia visual entre dos imágenes. Tras las investigaciones de los futuristas, numerosos artistas de nuestro siglo comenzaron a preocuparse por la incorporación del movimiento real en sus obras, tanto espaciales como bidimensionales. Dentro del primer grupo se engloban esculturas y objetos movidos mecánicamente o por fuerzas naturales, mientras que al segundo grupo pertenecen la mayoría de las obras del arte óptico, las cuales basan su dinamismo en cambios aparentes de color, luminosidad o textura. Se trata de obras que poseen, en muchos casos un fuerte protagonismo de la luz como elemento configurador.